martes, 13 de noviembre de 2012

Un inesperado regalo


"Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso".

Jorge Luis Borges

Cuando voy a trabajar en bicicleta, cada día es distinto. La temperatura, la intensidad y el color de la luz cambian a lo largo del año. El aire fresco me roza la cara, a veces con una ligera lluvia. Conforme pedaleo veo aparecer Fontcalent, Serra del Cid, Maigmó, Cabeçó d'Or, Puig Campana, y si el cielo está despejado se ven con detalle todas sus formas, a veces iluminadas con una luz rosada. Si va a llover parecen transparentarse a lo lejos la Font Roja y Aitana. Algunos días las nubes se ven azules y heladas, otros rojas y deshilachadas, y a veces el cielo amanece cubierto de espeso algodón. Es divertido ver el vuelo asustado de jilgueros, gorriones, verdecillos y colirrojos cuando paso por el carril bici.

Pero hay días en que además me encuentro con un inesperado regalo...