martes, 21 de agosto de 2012

La Alicante que yo quiero


Alfonso el Sabio, 1920. Los alicantinos pasean libremente por lo que hoy llamamos "calzada".

Alicante es una ciudad extraordinaria, con un clima inigualable y una gran historia a menudo desconocida, pero tiene un problema grave: sus calles ya no pertenecen a sus habitantes.

Cuando se planificó el grueso de la ciudad, tras el derribo de las murallas que impedían su crecimiento allá por el año 1870, se pensó en una urbe moderna, con amplias avenidas ajardinadas y mucho espacio para el tránsito de las personas. Estoy hablando del Ensanche, que comprende, para hacernos una idea, desde la Rambla de Méndez Núñez hasta la Avenida de Oscar Esplá. Durante años, miles y miles de alicantinos circulaban por dichas calles y avenidas, a menudo en bicicleta, de forma segura y disfrutando del propio desplazamiento.

Años después, esas calles, esas avenidas que nuestros abuelos andaban y pedaleaban sin temor alguno, hoy se han convertido en espacio protegido y exclusivo para el vehículo a motor, aquel que contamina, convierte los pueblos en peligrosos y donde cualquier persona puede ser atropellada convirtiéndose automáticamente en culpable por no utilizar el último llamamiento a la cordura llamado "paso de cebra".

Resulta paradógico pensar que el 70% del espacio urbano no es para el ciudadano, no está pensado para el paseo y disfrute de éstos en su ciudad. Y es que Alicante hoy ya no es para el alicantino, éste ha perdido presencia y esencia ante la invasión de unas máquinas que fueron pensadas para unir ciudades y grandes distancias, no para ocupar el espacio que por derecho le corresponde al ciudadano.

No es casualidad que el corazón de Alicante haya perdido habitantes: vivir en el centro supone respirar polución a diario, carecer de pocas zonas peatonales y sí mucho peligro para los niños para los cuales "jugar en la calle" es poco menos que una utopía.

Me resisto a aceptar que esta ciudad no puede cambiar. Yo quiero una ciudad abierta al ciudadano, donde el paseo sea un derecho, no un privilegio, y donde circular en ella en bicicleta sea seguro y agradable.

Gracias Consistorio por implantar los itinerarios ciclistas (no es sarcasmo), pero el problema real de nuestra terreta precisa de políticas asociadas a la reducción del tráfico y su velocidad. Tan sólo duplicando aceras, limitando la velocidad en ciudad a 30 km/h y diseñando zonas 30 con prioridad para peatones y ciclistas, esta ciudad empezaría a reencontrarse consigo misma. Ya no valen las medias tintas, la Alicante que yo quiero ya no puede esperar más.