martes, 13 de mayo de 2014

LAS PRISAS MATAN

Soy de Alicante , tengo 41 años y he pasado mi infancia jugando en la calle, en los barrios de San Blas y Campoamor . Triste es la ciudad que convierte la calle en un lugar hostil, donde los niños no pueden jugar en la calle por el riesgo de ser arrollados por un coche, donde los peatones tienen que refugiarse en cualquier local para poder hablar por el brutal ruido del tráfico, y donde todos respiramos un aire dañino para nuestra salud. Vivimos en una ciudad diseñada para los coches y por consiguiente tomada por ellos. Es difícil encontrar un lugar  en el centro de Alicante donde no seas atacado por el ruido y el humo de los coches que circulan por la ciudad como si de un circuito de velocidad se tratara. En calles como Benito Pérez Galdós, Calderón de la Barca, Avenida de Alcoy, Avenida de Jijona, Avenida de Doctor Rico, Juan Bautista Lafora, Avenida de Orihuela, etcétera, es fácil ver como los coches circulan con alegría a más de 80 km/h  ante la presencia de las autoridades locales más preocupadas por otros asuntos. Si la mayoría de los ciudadanos no se desplaza en coche, ¿por qué prevalece  la fluidez del tráfico sobre  la salud  de las personas?¿Quien impone esta exigencia a los políticos? Una limitación de 30km/h en el área comprendida entre la Gran Vía y la costa se traduciría en una disminución de la contaminación acústica y medioambiental, mayor seguridad para peatones y ciclistas frente a atropellos, los niños recuperarían sus calles como hace no muchos años sin peligro de ser arrollados por un coche. En resumen Alicante sería una ciudad más amable con el ciudadano, y mas atractiva para los turistas.